Aunque los radiadores son la opción más común en la mayoría de hogares, hace décadas que comenzó a ganar presencia en las viviendas españolas el suelo radiante. Este sistema goza de gran popularidad en los países nórdicos, pero ¿tiene sentido en un país mediterráneo como el nuestro? Vamos a verlo.
Antes que nada, vamos a conocer un poco mejor qué es el suelo radiante: básicamente consiste en un sistema de tuberías que se coloca bajo el suelo y por cuyo interior circula el agua caliente. De esta manera, la casa se mantiene a una temperatura constante y aprovecha la inercia térmica, pues el suelo se calienta y, con él, también lo hace el aire de la vivienda.
El sistema se instala debajo del pavimento y calienta el suelo, que a su vez transmite el calor al ambiente por radiación y convección natural.
Existen dos tipos de suelo por radiación:
El sistema de suelo radiante por agua consiste en una red de tuberías bajo el pavimento por las que circula agua caliente a baja temperatura (30-45 °C), proveniente de una caldera, bomba de calor o sistema de aerotermia. El calor se transfiere al mortero y luego al suelo, que actúa como una gran superficie emisora. Esto proporciona un calor uniforme, muy confortable y estable en la estancia. Aunque tarda más en alcanzar la temperatura deseada debido a la masa que debe calentar, mantiene el calor por mucho tiempo con un bajo consumo energético.
Para su instalación necesitará los siguientes componentes:
El suelo radiante eléctrico, en cambio, utiliza cables calefactores o mallas eléctricas colocadas también bajo el suelo. Cuando estos cables reciben corriente eléctrica, se calientan y transmiten el calor directamente al pavimento. El suelo se convierte así en el elemento calefactor, emitiendo calor de forma homogénea hacia la habitación. Este tipo de sistema responde más rápido que el hidráulico, ya que no depende de agua ni de una solera tan gruesa, pero su funcionamiento se basa completamente en el consumo de electricidad, lo que hace que su uso continuado resulte más costoso. Por esta razón, suele emplearse en espacios pequeños, como baños, o en reformas donde no es viable instalar un sistema por agua.
Una vez que ya ha quedado claro el concepto y sabemos cómo funciona, podemos adentrarnos en sus principales ventajas:
A lo anterior se suma que el suelo radiante, aunque en sus inicios se concibió como calefacción, desde los años 90 también sirve para refrescar el ambiente cuando llega el verano. Gracias a ello, ha aumentado su versatilidad y su utilidad para hacer frente a las necesidades que nos plantea cada época del año.
Como siempre, no todo son ventajas. A continuación, os contamos sus principales inconvenientes del suelo radiante para que puedas tomar la mejor decisión posible:
Aún así, parece claro que las ventajas superan con creces a los inconvenientes. ¿Qué te parece? ¿Te resulta una opción interesante?